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El Wishmaster expulsado del Infierno ®

Bienvenido a la nueva era, a un mundo sin dolor, sin amor, ni imaginación, donde la lluvia sacia a un bosque que no puedes ver, si no navegas por la red...

Xbox Live GamerCard

Wishmaster3329
Xbox Live GamerCard
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115
Zone:
Recreation
Gears of WarHalo 3Geometry Wars EvolvedSmall ArmsHexic HD
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Makoto Eiga

... reflexiona un poco, no cuesta tanto
aca me podeis encontrar, mandame un mail o agregame al MSN y tengamos una sesión...
7/24/2008

Ny'em (primera parte)

 
NY'EM
(El Dragón Dorado)
 
            El enorme valle se extendía frente a él cuando alcanzo la cima de la colina, a los pies de ella se veía el inexpugnable Bosque Oscuro y detrás, el basto Desierto de las Animas, lugar mítico del cual se decía que quien entraba en sus arenas jamás regresaba, pero él sabia que tenia que ir, tenia que ir mas allá del Bosque y mas allá del Desierto, hasta la enorme Cordillera de Fuego en la cual, dentro de sus murallas legendarias de granito se alojaba la mas poderosa criatura que el mundo había conocido… El Dragón Dorado… y él estaba dispuesto a terminar con él y su reino de terror, era un Cazador de Dragones…

            Ekel ‘Puño de Tormenta’ le llamaba, aunque nadie sabia a ciencia cierta el porque del sobrenombre, pero su nombre se había hecho famoso ya por todas las regiones y comarcas, su fama de mata-dragones era por demás conocida, solo una mancha negra marcaba su enorme reputación como Cazador… Ny'em, el Dragón Dorado como era conocido por elfos, enanos y demás seres del continente, Ny’em había escapado de su espada la única oportunidad que lo tuvo enfrente, y eso mino su reputación como Cazador, así que ahí estaba una vez mas, preparado para enfrentar a Ny’em una vez mas, seria la segunda y ultima oportunidad que tendría de enfrentarlo y acabarlo, porque sabia que no habría una tercera vez, en esa ocasión seria Ny’em o él…
 
CREE EN CUENTOS DE ELFOS…

            Descendió por una vereda a su izquierda que serpenteaba hasta la base de la colina, por la cara occidental, el sol del medio día hacia que su armadura le pesara mas de lo que en realidad pesaba, ya había sido un triunfo ascender por la colina llevándola a cuestas, mas el poderoso escudo de hierro con incrustaciones de piedras preciosas y gemas mágicas, y la enorme espada colgada a su cintura le dificultaban mas su andar, así que no pudiendo mas se deshizo de la armadura dejándose solo el peto cubriendo su pecho, los brazales, los codales junto con los cangrejos para proteger sus brazos, así como las grebas y escarpes para las piernas, se ciño la espada al cinto y el escudo en su espalda, acaricio la efigie de dragón en la parte superior de su casco, emblema de su Orden, al tomarla entre los dedos y dejarla destellar con los rayos del sol le pareció magnifica, y un excelente premio a quien encontrara lo que por el camino había dejado… y no solo había dejado atrás parte de su armadura, con este ejercicio dejaba atrás también parientes, amigos, compañeros de armas, amores de una noche y amores eternos, dejaba atrás miedos, inseguridades, anhelos, sueños y también esperanzas, no le importaba en ese momento nada de lo que quedaba atrás, solo importaba el momento, el aquí y el ahora, solo importaba Ny’em, solo él y nada mas… o no?
De su cuello aun pendía un reliquario de oro que apretaba en su mano, sus ojos dejaban por un momento su determinación y se notaban nostálgicos, tal parece que no dejaba todo tras él…

            Ya mas ligero en su andar llego hasta la entrada del Bosque Oscuro, una enorme extensión de árboles de un follaje tan grande y compacto que impedía el paso de la luz del sol, no se inmuto, dio un paso al frente, al interior del Bosque, y otro, y en un instante estaba dentro del Bosque…

            Había muchas historias detrás del Bosque, el porque se transformo en lo que era, el porque paso de ser un bosque común y corriente a un lugar lleno de misterio y magia, porque la magia estaba a cada paso de Ekel, lo sentía en la piel, en los huesos y en el corazón, cuando acampo en la cara oriental de la colina unos elfos viajeros llegaron hasta su tienda y le solicitaron asilo por la noche, a la luz de la fogata Ekel les hablo de sus planes, los elfos se miraron unos a otros con una expresión de incredulidad, asombro y burla, los elfos le contaron mil y una historia acerca de lo que se avecinaba delante de su viaje, le contaron del Bosque Oscuro y sus secretos, sus leyendas, le contaron la historia del Mago Obadhai, quien enamorado de la hija del rey del reino vecino, con engaños la atrajo a su cabaña en el centro del Bosque, le hablaron de cómo el poderoso rey fue en busca de ella y peleo con el Mago, una batalla de acero contra magia, y le contaron como en el ultimo momento la chica se interpuso entre el ataque del Mago y su padre, desapareciendo ella en un instante, le cuentan del dolor del padre y del dolor del Mago, y de cómo el Mago, montado en cólera maldice al rey, al Bosque y a si mismo, provocando una enorme explosión de energía mágica, despareciendo el Mago para ser uno con el Bosque, viviendo eternamente en las raíces, ramas, troncos y hojas de cada uno de esos árboles, hasta el día que el Ser Supremo le juzgue por sus acciones, le hablan de cómo el Bosque tiene vida propia y que no permite que nadie atraviese sus dominios, pero Ekel contesta que puede mas su fuerza de voluntad que el ancestral dolor de un viejo Mago…

            No tenia porque dudar de que la historia no fuese cierta…

            Ekel recordaba esa parte de la historia a medida que se internaba en el Bosque, un escalofrió le recorrió la espalda lo que lo hizo sacar la espada, entre mas avanzaba mas incomodo se sentía, pero tenia que atravesar el Bosque, si hubiera intentado rodearlo lo habría retrasado mas, así que no le quedaba ninguna opción, de pronto, un extraño sonido casi imperceptible llego a sus entrenados oídos, al volverse se maldijo a si mismo por no creer en cuentos de elfos…

LOS SECRETOS DEL BOSQUE…

            Una poderosa rama paso muy cerca de su cabeza cuando Ekel se agacho para esquivarla, en ese momento pareció como si todo el Bosque cobraba vida, el viento provocaba un escalofriante zumbido a medida que pasaba por entre las ramas, y los troncos se mecían de un lado a otro violentamente, un árbol lanzo un nuevo ataque y Ekel lo evito saltando hacia atrás, pero un segundo ataque por la espalda lo lanzo por los aires varios metros, afortunadamente el escudo que llevaba consigo lo salvo de quedar paralizado por el poderoso golpe pero no evito que Ekel rodara algunos metros mas, en uno de los giros se puso de pie y armándose con su espada y su escudo se coloco en guardia, dispuesto a luchar…

            Aun siendo medio día la luz del sol no podía penetrar la espesa oscuridad reinante dentro del Bosque, las sombras que se proyectaban sobre los árboles les daban un aspecto de rostros deformes y malvados, y el zumbido se volvía un rugido cada vez mas fuerte y ensordecedor, los ataques pasaban zumbando de un lado a otro mientras Ekel corría y daba espadazos a diestra y siniestra, cortando de tajo ramas y troncos gruesos, en medio de tanta emoción y adrenalina podía escuchar algo parecido a una exclamación de dolor con cada golpe que daba, trataba Ekel de atravesar el Bosque lo mas rápido que pudiera (y en una pieza si era posible) pero la buena fortuna no estaba de su lado, un ataque sorpresivo se impacto en su escudo y lo lanzo nuevamente por los aires, atravesando la pared de una derruida cabaña en el centro del Bosque… la antigua morada de Obadhai…

            Y el ataque cesa…

            Estuvo un tiempo inconciente, tal vez no mucho tiempo, ya que al abrir los ojos podía ver como los árboles aun se agitaban, pero ya no con el frenesí de hace un momento, como pudo se levanto y tomando nuevamente su espada con ambas manos se preparo para reiniciar la batalla, pero una mano de delgados dedos se poso sobre la suya al tiempo que una voz dulce y tranquila le decía…

-Detente, ya no mas… -

            Al volver la vista a su lado vio a la mujer mas hermosa que sus ojos habían admirado, su piel era clara, sus cabellos del color de la noche que se mecían con la ayuda de una brisa intangible, sus ojos igual de negros como su cabello lo miraban placidamente, aunque con cierto dejo de miedo, sus labios rojos y estilizados invitaban a probarlos y hundirse en ellos, el camisón que vestía era blanco como la nieve de las altas montañas, tanto que deslumbraba el mirarla, y su voz queda y dulce era como un sueño de una noche de verano…
 
-¿Qué hace aquí? ¿Acaso no ve que es peligroso el que se encuentre dentro de este Bosque maldito?- pregunto Ekel con voz poderosa, pero a la vez tratando de mantener la calma con la mujer…

-Acompáñame noble guerrero, no estamos del todo a salvo aquí… - respondió la mujer y presionando su mano ya sobre el brazo de Ekel lo condujo dentro de la cabaña por largos pasillos. Llegaron juntos hasta una sala enorme, como si estuviera debajo de la misma tierra, amplia, sin ventanas, solo un enorme tragaluz daba la iluminación al recinto, las raíces de los árboles sobresalían por las paredes y los muebles eran de rustica madera, un improvisado comedor, una confortable cama al fondo y algunos otros muebles, la mujer le hizo un ademán a Ekel de tomar asiento en la rustica silla de madera y tomo ella asiento frente a él, y hablo…

-Mi nombre es Ehter, estoy prisionera aquí… dentro de estas paredes sin poder escapar, el dolor del antiguo Mago que alguna vez habito esta cabaña me mantiene aquí… -

-Muy triste su historia querida dama, quisiera hacer algo por usted para liberarla de tan cruel encierro-

-Hay algo que puedes hacer por mi, noble cazador de Dragones-

-Diga que puedo hacer gentil dama, que en lo que este en mis manos y por usted pondré mi vida en juego, con tal de conseguir su libertad-
 
            Ella guardo silencio un momento, cerro los ojos y junto sus manos sobre su pecho, como elevando una oración, sus ojos se abrieron para mirar a Ekel que acariciaba la empuñadura de su espada a su costado…

-Si es tu deseo liberarme de mi encierro noble señor, libera al Mago de su dolor… -

-¿Y como hago eso querida dama?-

            Levanto su blanca mano y sus dedos señalaron al extremo opuesto de la sala, a una abertura hecha directamente debajo de las gruesas raíces que sobresalían por la pared de la sala…

-Sigue el sendero que lleva hasta el corazón mismo del Bosque, encontraras una amplia zona iluminada por el sol que se escabulle por entre las raíces, estarás en el centro del Bosque el cual posee una meseta por donde entra la luz del sol, en esa zona debajo de la meseta encontraras un tronco sin ramas, enterrado de tal manera que parece que sus raíces llegan hasta el mismo centro de la tierra, ahí encontraras al Mago, véncelo y acaba con su dolor, solo con eso mi libertad estará ganada y con ella tu recompensa… -

-Por usted hermosa dama apostaría mi vida e iría al mismo centro del mundo con tal de liberarla-

-No es necesario que apuestes tu vida valiente guerrero, solo vence al Mago y termina con su duelo, pero descansa un momento, sana las heridas de tu batalla con el espíritu del Mago, aquí encontraras comida, un lugar donde dormir y recuperar tus energía, que en la mañana deberás iniciar tu batalla-

EL PODER DE LA MAGIA Y LA NATURALEZA…

            Ekel despertó cuando al parece la mañana llegaba, ya que, en lo profundo de la subterránea cabaña la luz de sol difícilmente llegaba, alzando la mirada vio sus armas a un lado, pero por mas que miro a todos lados no encontró a Ehter, se levanto entonces de la cama encontrándose desnudo, pero junto a sus armas encontró nueva ropa, limpia y de una textura y brillo singular, los pantalones eran de un material que él no conocía, resistentes, pero a la vez suaves y cómodos, se vistió con una camisa de lana, blanca e igual de brillante que los pantalones, estaba casi listo…

            Se acerco a la mesa en donde encontró un abundante desayuno, carne asada con verduras y agua cristalina, comió y bebió hasta quedar satisfecho, después termino de alistarse,  encima de la camisa de lana se monto el peto que ahora se presentaba de un color dorado, reluciente, se ciño las botas y a la cintura la espada, el escudo en su espalda y en sus ojos la determinación, liberaría al Mago de su dolor como Ehter se lo había pedido, otorgándole a ella su libertad…

            Miro hacia la entrada que Ehter le había indicado, de ella provenía un olor fétido y hasta cierto punto nauseabundo, pero a Ekel no le importo, con la misma determinación puso un pie dentro de la entrada, y otro, y poco a poco empezó a bajar en el subterráneo mundo del Bosque Oscuro…

            Muy al fondo podía ver una luz, brillante, pero muy distante, a medida que bajaba el olor se hacia cada vez mas y mas insoportable, bajo sus botas el suelo se sentía húmedo y resbaladizo, no podía ver bien sobre que pisaba, ya que andaba a ciegas, sosteniéndose de la pared que sentía en parte lodosa y en partes una extensión de las raíces de los árboles, el aire se hacia cada vez mas escaso, y fue esta conjunción de factores los que hicieron a Ekel resbalar y deslizarse hacia abajo a gran velocidad, hasta caer de bruces en una amplia zona, como la habitación donde Ehter lo llevara, pero esta en cambio era el lugar donde se congregaban las raíces que sobresalían del techo de la cámara, justo encima de la meseta que Ehter le había comentado, la luz del sol se escabullía por entre estas raíces filtrando un poco de luz y calor, pero mas al centro se apreciaba un grueso tronco, demasiado grueso para un árbol normal en un bosque cualquiera, tal como lo había mencionado Ehter, su centro era abultado, como una protuberancia rodeada de marcas gruesas como venas, incluso podía apreciar como la savia recorría estos conductos hasta esa protuberancia, Ekel camino con paso vacilante, pero no había perdido su determinación, mas sin embargo era mejor conducirse con prudencia, no sabia lo que podía surgir de cualquier recoveco o esquina, y en serio, estaría tal vez preparado para cualquier cosa, excepto para lo que vio…

            Las raíces se estremecieron con el mismo frenesí que en la superficie, un poderoso viento invadió la cámara lo que hizo a Ekel cerrar los ojos y cubrirse con el escudo, pero era tal la fuerza de este vendaval que es vio obligado a apoyar la rodilla y soportar todo el poderío de esta fuerza en sus poderosos brazos, pero así como surge desaparece, Ekel levanta la mirada por encima de su escudo y las raíces aun se agitan, pero ya no con el mismo frenesí, la savia que recorría todo ese enorme tronco empezó a moverse mucho mas rápido, y un sonido parecido a un latido empezó a sonar por toda la cámara, retumbando en los oídos de Ekel, un crujido, como si el tronco se partiera estremeció el recinto y la enorme protuberancia se abrió como una enorme y bizarra rosa de pétalos de corteza, y se abrió mas, y mas, hasta que la protuberancia relevo su secreto…

            Obadhai apareció dentro de la enorme hendidura que se había formado en el grandioso tronco, atado al interior del árbol o mas bien, parecía que Obadhai era parte de él, su piel era verdosa, pocos cabellos adornaban su cabeza que se encontraba de alguna manera conectada al árbol por conductos que penetraban directamente por su nuca, los ojos negros y vacíos, había perdido los dientes y de su cuello descendían sendas marcas de esos mismos conductos hasta su pecho en donde el corazón se mostraba expuesto, verde, grande y latiendo con fuerza, sus brazos delgados también se encontraban conectados, y la cintura se perdía de manera tal que, se podría decir que Obadhai era… parte del árbol y parte del Bosque…

-¿Qué buscas aquí? Este no es lugar para ti, lárgate… - dijo Obadhai sin mover los labios, pero Ekel escucho la voz directamente en su cerebro, era pastosa y gutural, como si hablara por raíces y ramas, a través del tronco y la tierra lodosa y húmeda.

            Por un momento Ekel vacilo, lo que veía le causaba gran impresión, pero no era momento de mostrar temor

-Estoy aquí para liberar a Ehter de tu mágica prisión, este no es lugar para alguien como ella-

-Estupido- respondió Obadhai y su cuerpo se meció y alzo algunos centímetros de su propio encierro

–No sabes nada y aun así estas aquí dispuesto a ofrendar tu vida por algo que no conoces-

-Sé lo suficiente, sé que tengo que terminar con tu dolor para liberar a Ehter de este cautiverio a la que la has expuesto-

-¿Y como lo harás si no sabes a lo que te enfrentas?-

            Súbitamente una gruesa raíz salio disparada hacia Ekel salvándose por poco, la raíz se impacto en la tierra y una segunda ataco a Ekel, este salta, gira de un lado a otro esquivando los ataques del Mago una y otra vez, finalmente la poderosa espada de ‘Puño de Tormenta’ sale a relucir lanzando tajos, Obadhai abre la boca en exceso cuando Ekel alcanzo una de las raíces que lo atacaba y la corta, en toda la cámara resonó el grito lastimero del Mago mientras la raíz serpenteaba llenando de savia verdosa y espesa la cámara. Ekel entendió que todo lo que ahí había era parte del Mago Obadhai, así que ataco ahora con todas sus fuerzas cortando raíces a mas no poder, avanzando hacia el mismo centro de la cámara, estando a solo algunos metros una poderosa fuerza invisible lo arrojo varios metros por el suelo, voló por el espacio de la cámara hasta golpear con la espalda la pared de la cámara, cayendo de manera estrepitosa en el suelo lodoso.

-No solo dispongo del Bosque para defenderme, aun poseo magia poderosa, nada alejara a Ehter de mi !Nada¡ te lo dije… no sabes a lo que te enfrentas-

-Eso esta por verse- responde Ekel, intentando levantarse, pero una de las raíces lo rodea y levanta algunos metros, rápidamente se enrosca en su cintura y como si Ekel fuera un guiñapo lo mueve de un lado a otro azotándolo contra las paredes.

-¿Te das por vencido guerrero?-

-Nunca… - respondió Ekel que ya sangraba por la boca, tenia heridas en la frente y los brazos, pero su mano no soltaba su espada, se aferraba a ella como la única herramienta que tenia para salir airoso de esa batalla.

-Has perdido toda cordura Obadhai, has perdido el sentido de la vida y de la muerte, pero el retener a Ehter aquí no te dará ningún descanso-

-Imbecil- y nuevamente Ekel era azotado una y otra vez –No sabes nada, pero vienes aquí como el gallardo guerrero dispuesto a salvar a la dama de su encierro, nunca… nunca podrás liberarla-

-Eres incapaz siquiera de luchar como el hombre que alguna vez fuiste, te vales de raíces y magia ancestral, pero si estuvieras en el mismo nivel que yo, no podrías vencerme-

-Yo estoy mas allá de tu nivel y tu entendimiento, fueran cuales fueran las circunstancias no podrías ganar, no hay nada que puedas hacer para vencerme-

-Palabrerías, eres incapaz de mirarme a los ojos y decirlo-

-!Insolente¡- exclamo Obadhai y la poderosa raíz acerco a Ekel a escasos centímetros del rostro del Mago.

-Entiéndelo guerrero, no puedes vencer- dijo Obadhai con ojos vacíos, pero movió la cabeza como si observara todos los rasgos en el rostro curtido de Ekel, pero fue esa la ultima jugada que tenia del noble Cazador de Dragones…

-Al contrario, yo salgo victorioso- y rápidamente hundió en el expuesto corazón de Obadhai su espada, el Mago lanzo un poderoso rugido haciendo retumbar toda la cámara, las raíces una vez mas entraron en un frenesí de mayor intensidad, de tal magnitud que Ekel fue liberado, pero se mantuvo sujeto a su espada, la cual levanto rápidamente desgarrando por completo el corazón del Mago.

            Ekel fue bañado en la misma savia verdosa, espesa y maloliente mientras Obadhai se retorcía de dolor, el cuerpo del Mago se paralizo en una posición grotesca con los brazos abiertos, la boca abierta, los vacíos ojos estallaron lanzando su viscosidad, hasta que finalmente, como el árbol mismo, Obadhai se seco y se descrebaja… estaba libre de su dolor…

EL DESIERTO CONTRA EKEL…

            Bañado en la savia verdosa de Obadhai, el Cazador de Dragones, Ekel ‘Puño de Tormenta’ salio de la subterránea cámara. Olía mal, estaba cansado y herido, pero salio victorioso de esa batalla, y como guerrero que es, esperaba la recompensa a su labor, obviamente no era lo que él esperaba.

            En la amplia sala bajo la antigua cabaña del Mago encuentra a Ehter, con el mismo camisón blanco ondeando con la brisa intangible que movía igualmente su negra cabellera, su mirada había dejado de ser temerosa, ahora se miraba radiante de alegría, llena de belleza, su sonrisa todo lo expresaba…
 
-Has vencido noble guerrero-

-Así es mí querida dama, ya es libre, aléjese pues de este encierro y viva feliz lejos de aquí-

-Ahora ya puedo reunirme con mi padre, con mi madre y mis hermanos caballero, y todo te lo debo a ti, valiente Cazador de Dragones, pero antes… debes recibir tu recompensa a tan noble y difícil labor-

            Ehter le dio la espalda y avanzo hasta un cofre situado al fondo de la sala, lo abrió soltando el cofre un rechinido y Ehter extrajo una bolsa pequeña de cuero, regreso la mirada a Ekel y avanzando hacia él a paso tranquilo y sereno, tomando su mano derecha, en la palma deposito la bolsa.

-Que te sirvan en tu encomienda, dales un buen uso guerrero, que con la ayuda de esto saldrás victorioso de cualquier peligro al que te enfrentes-

            Y se separo de él, el rostro de Ehter era sereno, Ekel miro la bolsa y elevo la mirada a ella que entonces estaba suspendida en el aire, sus cabellos se mecían libremente y su camisón empezó a brillar con un fulgor impresionante, como si ella misma fuera el sol, y así, suspendida se acerco a Ekel y lo tomo por el rostro, deposito un tierno beso en sus labios y Ekel vio como su cuerpo empezó a transparentarse, entonces lo comprendió, entendió quien era Ehter, y desapareció…

            El Bosque había dejado de ser oscuro y atemorizante, el sol de la tarde penetraba por todos lados bañando con sus haces de luz dorada árboles, ramas y tierra por igual, el trinar de aves se dejo escuchar por todos lados y a su paso, fuera de la cabaña aparecerían ante Ekel conejos, ciervos, ardillas, muchas criaturas, como agradeciéndole el haber liberado al Bosque de su maldición, el rumor de un río cercano atrajo a Ekel y, despojándose de sus ropas se hundió, desnudo, en las cristalinas aguas del vado que formaba ese cauce, lavo sus nuevas ropas, regalo también de Ehter, y durante un rato se dedico a cazar alguna criatura pequeña para alimentarse, después, al calor de la fogata Ekel durmió en espera del nuevo día…

            En el momento en el que la fogata se apago Ekel despertó, la mañana le regalaba un nuevo día y vistiendo sus nuevos ropajes se alisto a continuar con su auto-impuesta misión, de la bolsa que Ehter le obsequiara extrajo unas gemas de colores brillantes, la tomarlas entre los dedos le provocaron un hormigueo, gemas mágicas sin duda, y recordando las palabras de Ehter sabrá darles un buen uso.

            A la salida del bosque se le presento a Ekel un vasto llano de pocas elevaciones, donde ahí, mas allá del horizonte podía apreciar el Desierto de las Animas, también había escuchado historias acerca de el, pero en esos momentos añoraba la compañía de aquellos elfos y sus historias fantásticas, pensaba que en ese momento serian de buen uso en su misión. Camino toda la mañana y parte de la tarde hasta que el cansancio y el hambre minaron sus fuerzas, detrás de una de las elevaciones descubrió una pequeña cueva no muy profunda en donde decidió pasar la noche, busco entonces que comer y nuevamente durmió placido al calor de su fogata.

            Pero la siguiente mañana no fue del todo tranquila, viéndose cada vez mas cerca del desierto mas escuchaba en sus oídos un extraño silbido que, conforme avanzaba mas molesto se volvía, finalmente llego al inicio del Desierto y puso un pie dentro de el, el silbido se volvió menos frecuente, pero mas intenso, como un tintineo, como si una pequeña gota de agua cayera sobre una campana ubicada muy cerca de su oído, a cada paso que daba el sonido le estremecía los tímpanos, entonces, cuando se encontraba tal vez a mitad del Desierto una enorme tormenta de arena, salida de la nada le azoto el cuerpo y los sentidos, se vio obligado a cubrirse el rostro con el escudo, esperando salir rápidamente de ahí sin perder el rumbo, pero cada vez la tormenta aumentaba en intensidad, dos o tres ocasiones Ekel fue arrojado a las calientes arenas y rodó por ellas, el levantarse era por demás difícil con esos vientos huracanados, reiniciaba su andar con dificultad y en su piel se notaban como los pequeños granos de arena dejaban marcas de su azote contra él, nuevamente rodar por las arenas y nuevamente ponerse de pie, olvido el cansancio, olvido el hambre, lo único que importaba era salir de ahí, cuando sus pies se vieron elevados de las arenas, producto de una fuerte ráfaga de viento huracanado Ekel sintió que perdía el rumbo, si tan solo Ekel supiera que lo había perdido desde hace horas…

            La tormenta, mas parecida a un tornado particular, llevaba a Ekel de un lado a otro por encima de las arenas, como serpiente sujetando a su presa fue golpeado contra las arenas y levantado en vilo demasiadas veces como para contarlas, por tan violento azote el noble Cazador de Dragones perdió el sentido del tiempo y el espacio, no sabía donde era arriba y abajo, se hundió en su inconciente muchas veces por igual, solo el golpe de las calientes arenas lo sacaba de su inconciencia, pero así como la poderosa tormenta inicio, así mismo desapareció, encontrándose Ekel a las orillas del Desierto, muy cerca ya de la Cordillera de Fuego, con demasiado trabajo pudo ponerse de pie y levantando su escudo que encontró algunos metros junto a él, ‘Puño de Tormenta’ salio del Desierto de las Animas en busca de refugio, un lugar donde sanar las heridas y descansar…

            No pudo llegar muy lejos…

Ny'em (segunda parte)

EL CUARTO DE LAS MIL BATALLAS…

            Al abrir los ojos Ekel se encontró en una celda de negros barrotes, su escudo y espada habían sido apartados de él, afortunadamente aquellas gemas que Ehter le diera estaban fuertemente guardadas en su cinto, ni el Desierto pudo arrebatárselas, levantándose de su sitio se acerco hasta la pequeña ventana sellada con barrotes y miro al exterior, su celda se encontraba al nivel del suelo, así que lo que alcanzaba a apreciar era un barullo de gentes yendo y viniendo con paquetes, algunas carretas y gritos de propaganda de comestibles, el mercado se encontraba en su apogeo y él era prisionero de ese pueblo, no sabia de quienes se trata, pero no debía preocuparse tanto, pronto lo sabría…

            El ruido de las cadenas y el abrir de su encierro hacen que Ekel vuelva la mirada, dos corpulentos hombres con armaduras simples, pero con gruesas hachas en sus cintos entraron en la celda y lo sacaron con lujo de violencia, lo llevaron casi a rastras por oscuros pasillos hasta que las antorchas empezaron a iluminar su camino, finalmente su vista fue cegada por el resplandor de una amplia cámara donde, al final de ella y en un sitio elevado Ekel vio un majestuoso trono, sedas rojas cubrían tan noble asiento, algunas mujeres de ropas escasas pero de gran belleza decoraban los escalones al trono y sobre este, la mas nefasta criatura que la humanidad hubiera conocido…

            Su estatura era sorprendente así como su corpulencia tomando en cuenta que se encontraba sentado en el trono, llevaba sobre sus hombros una gruesa capa lanuda hecha con la piel de un gran animal, botas grandes y un gran cinturón, sus piernas desnudas hasta los muslos eran gruesas y a simple vista fuertes y vigorosas, la cintura la cubría con un calzón grueso del mismo material que la capa, su pecho que se ensanchaba con cada respiración estaba protegido con un peto enorme de acero y oro, sus manos se apreciaban firmes y gruesas, con brazales de cuero y metal, en una de ellas sostenía por la empuñadura la espada de Ekel, en la otra una gran copa de oro y gemas preciosas, de donde bebía un liquido viscoso que se desparramaba por las comisuras de los labios y mojaba su barba, su rostro era muy parecido al de un salvaje, su nariz chata, enrojecida por el licor, no se podía apreciar otra cosa en ese rostro, ya que la larga cabellera y la crecida barba solo dejaban ver parte de él, pero sus ojos eran profundos, su respiración fuerte y su voz, cuando se dirige a Ekel … poderosa.

-¿Quién eres tú que osa andar por mis tierras?-

            Los corpulentos guardias arrojaron a Ekel al suelo y este cayo de rodillas frente al supuesto soberano, levantado la mirada encontrándose con ese hombre de escasa limpieza.

-Ekel ‘Puño de Tormenta’ me llaman, ¿Y quien es con quien hablo en estos momentos?-

            Un golpe a la altura de sus riñones hizo que Ekel se doblara y quejara del dolor, el otro se acerco a él y lo tomo por los cabellos.

-No hables con esa descortesía a nuestro Señor de las Bestias, dueño del Desierto, las Montañas y Heredero del Trono del Mundo… -

-Basta… - exclamo el soberano y se levanto, descanso la espada a su costado y las mujeres cedieron el paso en los escalones a su Señor que descendió de su trono, pero al descender golpeo con la rodilla a una chica apostada en los escalones que no se aparto a tiempo, la lanuda capa se arrastro a medida que avanzaba pasando por encima de las mujeres y arrojo la copa al suelo después de beber el ultimo sorbo, se acerco a Ekel hasta estar lo bastante cerca de él y, tomando en cuenta la perspectiva de Ekel, su estatura parecía mayor de lo que creía…

-Ghodar Segundo, y no repetiré los títulos que ostentan mi persona, así que ahora sabes quien soy ¿Qué haces en mis tierras?-

-Voy camino a atravesar la Cordillera de Fuego, estoy en busca de Ny’em, el Dragón Dorado-

-¿Y que buscas con el Dragón?-

-El interés que tengo con Ny’em es solo mío-

-Todo lo que sucede dentro de mis tierras y más allá me interesa, no seas irrespetuoso y responde que buscas con el Dragón-

-Ya te dije lo que busco, no diré más-

            La poderosa mano del soberano rodeo el cuello de Ekel y lo levanto bastante del suelo, lo mantuvo en el aire un momento y girando azoto la espalda del Cazador contra una de las columnas.

-Te empeñas en guardar silencio, pero al final tu lengua hablara-

-No lo creo… - respondió Ekel con dificultad, Ghodar lo miro detenidamente y pareció que sus ojos penetraban en la mente del valiente guerrero, su aspecto era el de un salvaje, pero su mente era el de un rey, aunque eso no ayudaba en mucho a su educación.

-¿Es que acaso eres un espía del vecino reino de Igalmesh? ¿Vienes a robar mi oro y debilitar mis defensas? ¿Es a eso ha lo que has venido? ¡Responde!-
 
-¿Igalmesh?... – se pregunto Ekel abriendo ampliamente los ojos, entendió pues que el azote del Desierto lo había desviado de su camino demasiado, el Desierto lo había arrojado al lado opuesto de su camino… no estaba ni cerca de la Cordillera de Fuego, se encontraba a los pies de la Cordillera Oriental, en las Montañas de Igalmesh…

            Ghodar Segundo libera la garganta de Ekel y este cae al suelo sujetando su cuello, recobrando con ello la respiración.

-Si, lo has notado, estas lejos de tu camino, y no hay manera de que continúes tu viaje a menos de que salgas de aquí, si no eres un espía de Igalmesh entonces deberás decirme cual es tu interés en Ny’em y tal vez, solo tal vez… salgas de aquí-

-Ya te dije que no diré cual es mi interés en Ny’em, así que no seas tu el descortés y devuélveme mi espada, que tengo un largo camino que recorrer-

            El supuesto soberano tomo la espada de Ekel y la coloco en su garganta, pero él no se movió ni un ápice ante tal amenaza, sus ojos no habían perdido esa determinación que había mantenido a lo largo de su andar, Ghodar por su parte comenzaba a perder la paciencia con el irrespetuoso visitante, aunque aun tenia un as bajo la capa que esperaba diera resultado para doblegar al recio Mata-Dragones.

-Te diré una cosa… ‘Puño de Tormenta’, solo hay una manera de salir de mi castillo y mi reino, y es resultar victorioso en el juego que manda en este lugar, vence a los oponentes que se te pongan enfrente y podrás irte, pero te diré que no será fácil-

-No busco juegos, no hay en mi travesía una matanza, solo hacer lo que he venido a hacer-

-Eso no lo decides tú sino yo-

            Giro la espada en su mano y se la extendió por la empuñadura a Ekel, este la tomo esperando ver que reacción tenia el soberano, pero este solo dio unos pasos hacia atrás y señalo hacia una puerta al fondo de su salón, una enorme puerta de dos hojas de roble con acabados relieves de guerreros, batallando espada contra espada, cerrada con dos enormes pasadores a cada lado.

-Véncelos a todos Ekel ‘Puño de Tormenta’, véncelos y serás libre, ahí… en El Cuarto de las Mil Batallas… -

ARENA DE GATOS…

            Aquellos corpulentos guardias se apostaron cada uno a lado de las puertas, sujetando fuertemente los enormes pasadores, al correrlos con sumo esfuerzo la puerta se abrió por si misma con un ligero rechinido de sus bisagras sin aceitar, al abrirse, una luz blanca inundo el salón que solo se encontraba iluminado por las antorchas, y de ahí, un fuerte rumor de ecos de pelea se presento, se podía escuchar claramente el sonido de metal contra metal, la ovación de un publico en gradas, casi se podía sentir el calor del sol bañando la arena… y el olor a sangre manchando piel, sentidos, acero y alma…

            Ekel lo entendió, sabia que no había otra manera de salir de ese encierro que no fuera peleando, mas sin embargo, esperaba de alguna manera evitar el derramamiento de sangre inútil.

            La escena no era tan diferente a la que se había imaginado al salir del salón del trono, al traspasar las puertas encontró un balcón con una escalera a su izquierda, desde ese balcón Ekel miro lo que El Cuarto de las Mil Batallas era, una enorme arena con gradas desde donde el publico asistente miraba embelesado las matanzas bajo sus pies, cuatros enormes pilares estaban colocados paralelamente de tal forma que formaban un cuadro en la arena, al centro, un pozo grande y oscuro, debajo de las gradas se apreciaban doce rejas rectangulares de gruesos barrotes repartidas a todo lo largo y ancho de las paredes. En la arena distinguió diez o doce combatientes, algunos heridos pero que seguían luchando, alrededor de estos muchos cadáveres, y el olor a sangre impregnaba todo, las espadas chocaban en el  aire lanzando chasquidos y el grito de los hombres que peleaban por su vida llenaba sus sentidos, sujetando su espada Ekel aun se debatía entre bajar y pelear igualmente por su vida y su libertad, o volver sobre sus pasos y enfrentar a Ghodar, pero este ultimo, al parecer conocedor de su dilema se acerco a él por la espalda colocando su enorme mano en su hombro.

-Creo que se lo que piensas, pero no te preocupes, si al final resultaras vencedor, te las veras conmigo, solo una cosa te diré Ekel ‘Puño de Tormenta’… no ha nacido hombre, mujer, elfo o criatura que pueda vencerme-

-Siempre hay una primera vez… - respondió Ekel al volver la vista a Ghodar, vio que en su mano sostenía su escudo, lo tomo y ajustándoselo a su espalda descendió las escaleras.

            El final de las escaleras daba a una reja con otro corpulento guardia con el rostro cubierto por un casco, semejante a un cráneo, se levanto del improvisado taburete y abrió la reja, por un momento las sentencias de muerte y los aplausos del depravado publico se silenciaron, los guerreros en la arena detuvieron sus embates, miraron a Ekel aparecer por la reja y se hizo un silencio sepulcral, Ekel avanzo con paso decidido sujetando fuertemente la empuñadura de su espada hasta el centro de la arena, el Cuarto de las Mil Batallas estaba listo para él, y él estaba listo para lo que fuera a venir…

            Los guerreros se lanzaron al unísono en contra de Ekel y este se coloco en guardia esperando el primer ataque, el primer luchador choco su espada contra la de él y así inicio la aventura por su supervivencia en la arena, desde el balcón, Ghodar Segundo veía al noble Cazador de Dragones resistir los ataques, esquivando a mas no poder los embate de unos y otros, golpeando con codos, puños y rodillas, el publico enardecido miraba la contienda esperando ver mas sangre, pero Ekel sabia como salir victorioso de esta batalla sin manchar sus manos de sangre inocente, no sabia cual seria el destino de estos hombres después de lo que había planeado hacer, pero eso no estaba en sus manos, bueno, no del todo.

            De los doce contendientes que quedaban en la arena solo dos se mantenían de pie, Ekel había logrado desarmar a los otros y con sendos cortes en las piernas los dejo inhabilitados para continuar, el publico no estaba muy de acuerdo con esta pelea, lanzaba maldiciones exigiendo que Ekel matara a sus contrincantes, pero él no lo hizo, la única manera de salir con vida de ahí era detener a todos sin necesidad de matarlos, y así lo hizo, al final, solo Ekel estaba de pie en el centro de la arena, el Cuarto de las Mil Batallas se estremeció con el rugir del publico que exigió el termino de la contienda, miraron al balcón esperando la reacción de su soberano, Ghodar apretaba fuertemente los puños y su rostro era de ira y coraje, lanzo un fuerte grito y sin medir consecuencias salto por el borde del balcón y cayo en la arena con un fuerte estrépito, avanzando con fuertes pasos llego hasta Ekel que, bañado en sudor, con algunas pocas heridas y cansado miraba al soberano acercarse…

-Ahora entiendo como es que no hay nadie que pueda vencerte, esperas a que la lucha termine y enfrentas a un guerrero cansado y malherido, así es como has mantenido tu reinado, pero no soy nadie para juzgarte Ghodar Segundo, haces lo que sea con tal de mantenerte en el poder, yo haré lo que sea necesario para mantenerme con vida y salir de aquí… -

-Valientes palabras de alguien que esta a punto de morir Cazador de Dragones… - y extiende su mano derecha, dos corpulentos guardias avanzaron hasta su rey y depositaron es su mano una enorme hacha plana doble extremadamente grande, al parecer fabricada únicamente para él, ya que se apreciaba que era demasiado pesada, pero Ghodar la sostenía sin ningún problema, con el arma en sus manos miro directamente a Ekel, quien aun trataba de recuperar su respiración normal, si, estaba demasiado cansado, solo esperaba el ataque inicial y, conociendo un poco ya del supuesto soberano… esperaba un ataque sorpresivo y traicionero…

            Ekel salto hacia la derecha y rodó al esquivar el poderoso ataque de Ghodar, sorpresivo y traicionero, justo como Ekel lo esperaba, Ghodar se jactaba de su poder, de su fuerza, y de que Ekel estaba demasiado cansado como para oponer demasiada pelea, estaba seguro de su victoria, pero lo que Ghodar no sabia era lo que Ekel ‘Puño de Tormenta’ guardaba para él…

            Esquivaba ataques lo mejor que su cansancio le permitía, la poderosa hacha zumbaba por el aire intentando atravesarlo, partirlo a la mitad, pero Ekel no se doblegaba, tenia que vencer a Ghodar para poder salir de ahí y terminar su misión, mas sin embrago Ghodar no pretendía darle oportunidad a Ekel de sobrevivir, pero este, aun habiendo peleado antes con los otros oponentes se mantenía fuerte y vigoroso, recibía los ataques de Ghodar y contraatacaba con ímpetu y ferocidad, si la intención de Ghodar era acabar con Ekel, no seria fácil para él…

            La pelea no daba muestras de inclinarse para ninguno de los dos, tanto Ghodar como Ekel se mantenían de pie dándolo todo en cada golpe, los músculos se tensaban, el sudor recorría sienes y espaldas, el sol ataca de igual manera a ambos contendientes secándolos y agotándolos, pero no, la pelea no daba muestras de inclinarse para ninguno de los dos, Ghodar era fuerte, quizá mas de lo que aparentaba, Ekel por su parte era experimentado en el arte de la espada y el combate, pero el defecto de Ekel, o su debilidad era la honestidad y el honor, algo desconocido para Ghodar…

            Extendiendo su mano izquierda Ghodar señalo todas las rejas a su alrededor, estas se abrieron al unísono y de ahí salieron diversas criaturas de las mas diversas formas, algunos parecían gatos salvajes de los Montes de Igalmesh, de diferentes pelajes, negros, blancos, castaños, combinados, pero estos eran mucho mas grandes, con garras afiladas y gruesos colmillos, otros, osos blancos de las heladas tierras del norte, de mas de tres metros cuando se posaban en sus patas traseras, otros eran pequeños reptiles del tamaño de un hombre, delgados y veloces, con un tono verdoso y azuloso en la piel, las garras eran delgadas pero afiladas, la clase de criaturas que habitan en la región norte occidental de la Cordillera de Fuego, doce criaturas para Ekel, quien con una ligera sonrisa agradeció la practica a Ghodar, esto le serviría para su encuentro con Ny’em.

            Los gatos salvajes igalmeshianos se echaron a los pies de Ghodar, los enormes osos se mantuvieron a su espalda y los reptiles de Fuego daban vueltas una y otra vez al grupo, Ghodar demostró que el titulo de ‘Señor de las Bestias’ le quedaba muy bien, ya que las criaturas se mantenían como dóciles mascotas a su lado y, con un simple movimiento de mano los gatos se levantaron, gruñeron y haciendo un circulo alrededor de Ekel se prepararon para la orden de atacar. El noble Cazador de Dragones se mantenía en guarida esperando el primer ataque, miraba a su izquierda si perder de vista a quien ocupaba su derecha, un tercero a sus espaldas y el cuarto frente a él, inmóvil, Ghodar extendió la mano al frente y los gatos igalmeshianos se agazaparon, clavaron las garras en la tierra de la arena y bajaron la cabeza sin dejar de mirar a Ekel, cuando Ghodar cerro el puño el ataque inicio…

            Las cuarto criaturas se lanzaron al unísono, y Ekel, con la fuerza de sus piernas salto lo mas alto que pudo dejando que los gatos se estrellaran unos contra otros, en lo alto Ekel volteo la espada con la punta hacia abajo y con la gravedad a su favor atravesó por la cabeza a uno de los gatos dejándolo clavado por un momento en la arena, saca la espada rápidamente mientras los tres gatos restantes recobraban el sentido, Ekel esquiva al primero que se levanta y girando sobre si mismo da un tajo sobre la criatura cuando se vuelve contra él, su pelaje blanco se pinta rápidamente de tintes rojos por la sangre que emana de la herida, el tercer gato ya se encontraba de pie y encaraba a Ekel cuando se volvió a él, los afilados dientes se mostraban relucientes dentro de la poderosa boca de tan bello ejemplar, rasgo la arena con sus garras para tener agarre y salto una vez, era un borrón negro contra el sol cuando paso sobre Ekel, las garras rasgaron una vez mas la arena al caer al otro lado y Ekel apenas tuvo tiempo de esquivar al cuarto gato de pelaje castaño cuando salto con las garras abiertas junto a él, cuando la garra se lanzo contra Ekel este detuvo el ataque con el escudo haciendo chirriar el dorado metal, lo que esta criatura no se esperaba era la espada de Ekel saliendo por debajo del escudo, penetrando su pecho al levantarse para contraatacar al Cazador de Dragones.

            El ultimo de los gatos igalmeshianos, negro como la noche solo miraba como Ekel extraía la espada del cuerpo del otro gato salvaje, parecía que esperaba su momento, el noble guerrero permaneció de pie frente a la criatura respirando con cierta dificultad, pero sin mostrar signos de gran cansancio, nuevamente las garras se aferraron a la arena y las patas traseras se prepararon para saltar, Ekel sostuvo fuertemente su espada y, al momento que el gato salto una vez mas, con las garras extendidas al frente y con las fauces abiertas, Ekel soltó el escudo y se dejo caer de espaldas, levantando la espada para dejar al gato que se enterrara por si mismo en su arma, con cierto esfuerzo el Cazador de Dragones salio de debajo de la criatura y tomo su escudo y encaro a Ghodar que lo miraba con profundo odio en sus ojos, apretaba labios y puños a la vez con tal fuerza que parecía que sus venas reventarían… Ghodar era sabio, pero traicionero, además de fanfarrón y confiado, la sonrisa que se pinto en sus labios denotaba esto, cuando los osos blancos se acercaron a Ekel de igual manera que aquellos gatos el guerrero supo que no habría descanso…

CON UN POCO DE AYUDA DE MIS AMIGOS…

            Las exclamaciones del publico asistente opacaba el mismo corazón de Ekel que palpitaba aceleradamente, los osos blancos rugían y mostraban los colmillos, su pelaje brillaba intensamente con los rayos del sol que se filtraba por encima de la arena, en donde una enorme reja impedía que, de alguna manera, alguien pudiera escapar del Cuarto de las Mil Batallas… o entrar.

            La tensión aumentaba, el sudor empapaba la espalda y el calor secaba su garganta, poco a poco las fuerzas se acababan, la espada se hacia cada vez mas pesada, Ekel sabia que si esto seguía no tendría fuerzas para enfrentar nuevamente a Ghodar, el rugir de los osos, el rugir del publico se volvía poco a poco en un eco distante, empezaba a sufrir de agotamiento, se encomendó a un recuerdo enterrado en su memoria, en su corazón, tenia que encontrar fuerzas de donde fuera, solo un minuto necesitaba, solo un minuto de descanso para recobrar aquello que en ese momento necesitaba con tanta desesperación… un poco de fuerza para terminar con todo.

            Pero el aullido lastimero de uno de los osos lo regreso de nuevo al Cuarto de las Mil Batallas…

            El hermoso pelaje brillante rápidamente se pinto de rojo, la sangre salía por la herida inundando el lomo del animal, Ekel distinguió una flecha en la espalda de la bestia, Ghodar también, ambos instintivamente elevaron su mirada mientras que cuatro flechas mas surcaban los aires enterrándose hondamente en los cuerpos de los osos blancos.

            Encima de los cuatro enormes pilares de la arena, aquellos elfos que una noche le solicitaran a Ekel asilo, antes de llegar al Bosque Oscuro, se encontraban apostados con arcos en sus manos, tan rápido como las segundas flechas fueron disparadas le siguió una tercera ronda, disparaban tan rápido que el pelaje de los osos ya eran una combinación de rojo y blanco, finalmente, la cuarta ronda se alojo en cada una de las cabezas de las bestias matándolos instantáneamente. Ghodar apretó los puños fuertemente una vez mas, al parecer intento mandar a los lagartos de Fuego en contra de Ekel y los elfos, pero estos fueron mas rápidos, cargaron una vez mas los arcos pero ahora solo tres dispararon, no hicieron alarde de puntería y exactitud, simplemente apuntaron a tres de los reptiles humanoides y murieron al instante, cayendo a la arena cuando intentaban subir por los pilares, el cuarto lagarto, ya giraba alrededor de Ekel, que con la palma extendida agradecía la ayuda, los elfos le correspondieron el gesto y se sentaron cómodamente en el pilar a ver el espectáculo, uno de ellos incluso saco una pipa de madera y se puso a fumar tranquilamente como quien mira un acto de gitanos, la escena estaba puesta y ahora a ellos solo les quedaba observar, ¿Desde cuando estaban ahí? Ekel no le importaba en ese momento, lo que mas le importaba es que había reunido la suficiente fuerza para enfrentar al reptil de Fuego.

            De igual manera, como lo hicieran los gatos igalmeshianos, el lagarto de Fuego se lanzo contra Ekel con las garras al frente y la boca abierta, mostrando la hilera de afilados dientes en su interior, pero fue repelido rápidamente con el escudo que se impacto de lleno en su cara, el lagarto voló de regreso en forma espectacular cayendo de espaldas y retorciéndose, se coloco con las cuatro patas en el suelo y mirando a Ekel abrió nuevamente la boca y la lengua bifida salio disparada enredándose en el tobillo del Cazador de Dragones, obligándolo a caer al suelo, aferrandose con las garras en la arena el reptil jalaba a Ekel hacia él, pero Ekel enterró su escudo y girando la pierna hizo que la asquerosa lengua se enredara mas en su tobillo, ahora el lagarto no podía soltarse aunque lo deseara, así que sin mas Ekel, elevado unos centímetros ya de suelo por la fuerza de la bestia, levanto la espada y se soltó del escudo, viajo solo un momento, porque la espada cayo sobre la lengua cortándola por la mitad, el reptil se retorció una vez mas por el dolor al verse herido, mientras que el trozo remanente de la lengua serpenteaba en el tobillo de Ekel, manchando de sangre verdosa su pierna y parte de la cintura, Ekel se levanto y soltó aquel trozo de carne semi-muerta, manchándose de sangre el pecho y los brazos, el reptil de Fuego, mas encolerizado que dolido se lanzo contra Ekel una vez mas, las garras se aferraron a la espalda clavando las uñas, era tanto el peso que el noble guerrero cayo de espaldas con la bestia a cuestas, la boca se abrió ampliamente en un claro afán de morder del cuello y desgarrarlo, pero ahí se detuvo, la espada de Ekel lo había traspasado por completo terminando de bañar su cuerpo en verde sangre, la ultima de las bestias de Ghodar estaba muerta…

            El publico estallo en jubilo al ver la victoria de Ekel, los elfos aplaudieron con entusiasmo al verlo salir vivo de bajo del lagarto, parte de su curtido rostro, la ropa así como la espada y el escudo tenían un aspecto rojo verdoso, por la combinación de la sangre, Ghodar no había dejado de apretar los puños, su rostro se veía encendido de rabia, de odio y coraje, Ekel sabia que no le había gustado lo que había pasado, y sabia lo que Ghodar era capaz de hacer al verse amenazado de esta manera, sabia que el soberano desconocía lo que el honor era…

-Limpien este desorden- dijo y varios guardias salieron de las rejas llevando los cadáveres de los otros guerreros, con ganchos y poderosas cadenas arrastraron a las bestias y todos ellos fueron a dar al fondo del pozo en medio de la arena, el sonido de los cuerpos fue seco, como si cayeran sobre una estructura metálica, sin ningún respeto por aquellos que habían caído, de este pozo se oyó el sonido de compuertas y nuevamente el sonido de los cuerpos cayendo, pero ahora no se oyó el metal siendo golpeado por los cuerpos, en cambio se escucho un sonido liquido, como si en un pozo de agua cayeran, pero espeso y por el olor que inundo el Cuarto de las Mil Batallas… nauseabundo.

-!Abran el pozo¡- exclamo, los guardias se miraron unos a otros y, tal vez armándose de valor, uno de ellos se acerco a su rey.

-Señor… mi Señor, no ha comido en días, si la sacamos ahora estará frenética, no es recomendable, ni usted podrá controlarla… -

-!Imbecil¡- grito el rey y sujeto por el casco al corpulento guardia que se estremeció –Soy el Señor de las Bestias, dueño del Desierto, las Montañas y Heredero del Trono del Mundo, tu no debes decirme que puedo hacer o no… liberarlo-

            Los guardias corrieron apenas Ghodar soltó al otro, se encerraron tras las rejas y un minuto después el sonido de cadenas, junto con el de metal rozando metal se escucho en la arena, lo que hizo que publico enardeciera mas y mas, Ekel miro alrededor y vio en esos rostros el ansía de sangre, de carnicería, solo porque estaban en lo alto de las gradas, si estuvieran en la misma arena no demostrarían ese fervor y ese entusiasmo, el olor nauseabundo de hace un momento lleno mas intensamente la arena, algo liquido y viscoso empezó a escucharse cuando el sonido de las cadenas y el metal ceso, Ekel, con toda su experiencia a cuestas había visto infinidad de criaturas, de las mas simples hasta las que parecían haber sido vomitadas desde el centro mismo del infierno…

            Pero no había visto nada como eso…
 
ESPADA CONTRA GARRA…

            Una extremidad (si se le puede llamar de esa manera) salio del pozo en medio de la arena, con bastante parecido al tentáculo de un pulpo de los mares del oeste, pero este era mucho mas grande y grueso, verdoso, viscoso y con ventosas en uno de sus costados, pero este en cambio, coronado con tres garras en la punta, no tenia dedos, solo las garras que destellaban con la luz de sol, se arrastro por el suelo de la arena como palpando el terreno hasta que toco uno de los pilares, se sujeto a el e inmediatamente salio otro mas, repitiendo la acción, los elfos veían con horror en sus rostros lo que estaba por surgir bajo sus pies, se echaron los arcos al hombro y los cuatro, al unísono, brincaron con gracia pero rápidamente, como poesía en movimiento, alcanzando sin esfuerzo la reja superior de la arena, desapareciendo inmediatamente…

            Las garras ascendieron por los pilares hasta alcanzar cierta altura, y se tensaron a medida que hacían fuerza para elevar el cuerpo a la superficie, aparecieron entonces dos garras sujetándose del borde del pozo, gruesas y grandes que rasgaron la arena, súbitamente, frente a las gradas una fuerte reja de barrotes cubierta por malla de alambre cubrió al publico que estallo en jubilo, ávido de mas y mas sangre, con un sonido viscoso, y aquel olor nauseabundo invadiendo la arena, la criatura se presento…

            Su aspecto era muy parecido al de un pez gigante, con una boca rodeada de un labio muy grueso, tenia un par de ojos a los costados de su cabeza, redondos y cristalinos, y un par mas al frente, alargados y blancos, pero estos eran vacíos, sin expresión o sentido, tal pareciera que estaba solamente de adorno, bajo la boca, en lo que sería la barbilla se apreciaban unos filamentos delgados, como bigotes de pez, mas abajo y por debajo de la criatura se apreciaban unos brazos, delgados, casi como unos tentáculos, pero estos en cambio se notaban rígidos, su doblaban por la mitad, como si se trataran de brazos normales y mas abajo, otros pequeños tentáculos, doce o catorce, como los de la barbilla, en la espalda tenia una enorme aleta y otras protuberancias, salio finalmente del pozo mostrando un par de patas posteriores gruesas al inicio que terminaban en aletas, las cuales se torcían al intentan soportar todo el peso, se sostenía con los enormes brazos terminados en garras,  los tentáculos salían por encima de estos brazos los cuales serpenteaban de un lado a otro rasguñando la malla de alambre, haciendo que el enajenado publico se aplastara en sus asientos, al final de su cuerpo mostraba dos colas largas, que iniciaba como una sola, gruesa, pero se dividía a medida que se acercaba al final, ambas terminando en una punta delgada con una ligera cresta.

-!¿Que demonios es eso?¡- exclamo Ekel sumamente asombrado, como se dijo, había visto toda clase de criaturas, pero nada como eso, Ghodar sonreía sin disimulo, elevo la mano frente a la criatura que tenia a su espalda y se mantuvo quieta, pero sus ojos me movían irregularmente, observando a ambos lados de la arena, donde la gente se arremolinaba para ver de cerca de la criatura, vitoreando hasta donde era posible que llegaran sus gargantas. Ekel sostuvo fuertemente su espada, se ajusto el escudo al brazo y espero lo que fuera, pero la bestia no daba muestra de movimiento, ni de intenciones de atacar, era obvio que esperaba la orden por parte de Ghodar, este sin embargo tampoco se movía, pero sus labios denotaban su enorme sonrisa, camino unos pasos hacia Ekel y lo miro fijamente a los ojos, entonces su voz se volvió a escuchar en el Cuarto de las Mil Batallas.

-Esto que ves es el resultado de muchas cosas ‘Puño de Tormenta’ de vagar por el mundo, de usar magia y formulas arcanas, para crear la máxima bestia que el mundo haya conocido, mi quimera particular, Yazar-ael -

-¿Y con eso planeas vencerme en esta pelea? ¿Eres tan cobarde que prefieres valerte de una criatura engendrada por magia que pelear espada contra espada?-

-El fin justifica los medios-

-O los miedos-

-Ella solo estará aquí por si… bueno, por si algo saliera mal, pero ambos sabemos que no será así-

            Y Ghodar se lanzo a la pelea nuevamente, hacha en mano arremetió contra Ekel que se defendía y contraatacaba con destreza, mas sin embargo los ataques sin técnica pero fuertes lo sacaban de balance, fue mas que suerte lo que provoco que el puño de Ghodar se estrellara en su rostro y lo lanzara a por los aires, rodó una vez mas, pero en esta ocasión, al ponerse de pie, Ekel extrajo una de las gemas que Ehter le diera como recompensa por haberla liberado, esta en particular era verde esmeralda, pequeña y brillante.